1. La voz del padre, la voz de la madre, de Lucía Boned Guillot. Corre el año 1939: un abuelo preso en la cárcel de Barcelona, una abuela que se traslada a esa misma ciudad para estar cerca de su amor. Ocho meses comunicándose con notitas que se escondían entre la ropa o la comida. Esas notas las encuentra su nieta en un sobre que pone «Miniaturas» y crea un libro precioso, duro y real.

 

2. Berlanga, de Miguel Ángel Villena. Podría decir que solo la foto de la portada ya vale su compra (esa elegancia de traje chaqueta acompañada de unos pies descalzos, algo que a mí me fascina, ese gesto de una mano en el pecho y otra en el bolsillo, ese pelazo y el pañuelo en el bolsillo de la americana) pero es que si encima te hablan sobre la vida del director de cine ya soy toda suya.

 

  3. El balcón en invierno, de Luis Landero. Lara Hermoso dice que es difícil escribir más bonito que Landero y yo solo puedo darle la razón. Puedo decir y digo que hacía tiempo que no disfrutaba tanto leyendo un libro. Un libro que habla de las nostalgias de un pasado, un inventario precioso de sus memorias.

Un retal:

«Es nostalgia y pesar de la juventud, de la belleza, de la acción, de todo cuanto sucumbió al tiempo, pero también de lo que no llegó a vivirse, de los alegres decires nunca dichos, de los amigos que no tuve, del amor apenas entrevisto, de la vida dilapidada en vano, y de lo breve e ilusorio de los ahoras, de los mañanas y de los entonces, y de todo ese pobre negocio de años y de afanes que está hecha la vida.»

 

4. Variaciones Enigma, de André Aciman. El autor de Llámame por tu nombre y la no menos bella Encuéntrame. El único libro que me queda por leer de él. Los libros de Aciman no necesito leer las 20 primeras páginas, no necesito saber nada sobre ellos, me importa poco o nada las críticas. Me hago con ellos sin mirar atrás y si te he visto no me acuerdo. Solo tengo ojos para su lectura.

 

  5. Campeones de medianoche, de Daniel Entrialgo. Un viaje por las apasionantes y dramáticas vidas de leyendas del deporte que se bebieron la gloria. Es perfecto, perfecto para ÉL y para yo robárselo.

 

6. La policía de la memoria, de Yoko Ogawa. Habló sobre él Isabel Coixet en el podcast de Javier Aznar, el Hotel Jorge Juan, y yo lo reservé para que llegara puntual cuando saliera a la venta. Llegó, lo leí y puedo recomendarlo con fervor. Una novela sobre el control social y de la memoria. Muy Orwell. Ahí es poco.

 

7. Lo mucho que te amé, de Eduardo Sacheri. El último libro que he leído, perdón, el último libro que he devorado. Una historia de amor, no podía faltar, pero no es una historia de amor cualquiera, es una historia de amor escrita por Sacheri. Sacheri es aquel que escribió El secreto de sus ojos, ¿hay algo más que decir?

 

Lista de reproducciónSuavemente. La lista perfecta para acompañar una lectura en la tranquilidad de la noche junto a un vaso bajo con mucho hielo y lo que gusten para aderezarlo.

 

 

Nos vemos en las librerías.

Un secreto: han abierto una de ellas para quedarte a vivir en Barcelona. Se llama Finestres y estoy deseando que se levante este eterno confinamiento perimetral para no salir de allí. Es una obra de arte hecha librería.

 

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