Me gustan los hombres que se saben abrochar los botones justos de la camisa, ni uno más ni uno menos. Me gusta empezar un nuevo libro de Luis Landero, ese placer asegurado desde la primera página. Me gusta el sonido de un río, el viento agitando los árboles, buscar la roca perfecta para acomodarme,  su agua congelada, la soledad de ese entorno. Me gustan las mesas redondas para comer. Me gusta gustarle. Me gusta el inicio de 101 Dálmatas, la del 61 claro. Me gusta el olor a jazmín cuando derrocha poderío. Me gusta comer pizza con película en la cama a las cuatro de la mañana en la primera cita, o en la vigésima tercera. Me gusta esa escena de Cocktail en la que Tom Cruise le dice a una de sus conquistas mientras rompen de forma tormentosa “Todo termina mal, sino no terminaría” con un cine de fondo y Casablanca en la cartelera, me parece redondo ese complemento. Me gusta conquistar sus noches. Me gusta leer a Pla, me gusta que me hable de las cosas sencillas, me gusta que me instruya sobre los salmonetes con ese amor tan suyo y me gusta cómo me explica (porque yo me lo tomo como que estoy sentada junto a él, en la puerta de la casa de un pueblo tomando la fresca, y me habla) sus paseos rutina con el vigilante nocturno de un puerto hablando de cualquier cosa y mirando las estrellas. Me gusta la idea del verano hasta que llega con su sofocante calor. Me gusta hacerme mayor y descubrir ese invento de bajar a la playa con silla, como una señora, y olvidar esas posturas imposibles para leer. Me gustan las duchas heladas con el calor y que me quemen en invierno, me gustan los extremos. Me gusta que Martín me pida ir a la cama a hablar de nuestras cosas. Me gusta compartir silencios. Me gusta la gente que derrocha entusiasmo. Me gustan los primeros besos. Me gusta la felicidad sin ton ni son. Me gusta volver (y volver, y volver) a Blue Jay: a sus amores, a su desamores, a sus aciertos, a sus errores.

Me gusta (del verbo gustar mucho) escoger la siguiente montaña de libros para un trozo de agosto:

Yo fumo para olvidar que tú bebes, de Martín Casariego. Utilizo la cesta de Amazon para reunir todos esos libros que quiero leer, que quiero hojear o que me han recomendado. El otro día apareció en ella este libro y yo no lo puse, no sé cómo fue a parar allí pero el título me llamó demasiado la atención. Lo leeré, todo pasa por algo.

 

Toda una vida, de Robert Seethaler. Un libro que me regalaron como despedida. Un libro que viniendo de quien viene solo me puede gustar. Una forma mía de echarle de menos porque fue bonito mientras duró.

 

 

Stoner, de John Williams. Lo ponemos en la categoría de esos libros que dicen que todo el mundo debería leer y yo no he leído. Ronda por mi estantería hace demasiados años y este verano puede ser perfecto para él, por qué no.

 

Actos obscenos en lugar privado, de Marco Missiroli. Este es relectura. Este mes que se me va a hacer cuesta arriba necesitaré volver a sitios a los que fui feliz, no me parece mala elección que sea un libro. No me parece mala idea que sea este libro.

 

Disfrutad del verano todo lo que se deje,

Verónica

Ilustración de la cabecera: Isabelle Feliu

 

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