Me gusta el placer como forma de vida. Me gusta el sonido de la chicharra, me recuerda a las tardes de letargo en aquella buhardilla de mi pueblo. Me gusta escuchar el campanario tocando las horas. Me gusta la risa escandalosa de mi madre, tan refugio ella. Me gusta el tintineo del hielo en una vaso bajo de cristal. Me gusta ser su musa. Me gusta el placer de conversar alrededor de una mesa. Me gusta la idea de navegar a vela, como dice Oscar Tusquets “Navegar a vela es disfrutar del viaje. No importa adónde vayamos. Da igual el tamaño de la embarcación, solo importa pilotar cerca del agua, no en lo alto de la atalaya de un yate de motor. Es el silencio solo roto por el viento y el romper de las olas, es sentir en la caña el combate entre el rumbo escogido, la dirección de la corriente y la del viento preso en nuestras velas. Es el desafío de utilizar las arbitrarias fuerzas de la naturaleza para dirigirnos a donde deseamos. Es la excitación cuando, con todo el trapo arriba, sentimos el crujir de los cabos, cómo escora peligrosamente la nave, cómo caen los objetos que no hemos afianzado en la cabina…” * Me gusta que el mismo autor me descubra películas como Il sorpasso. Me gusta una señora siesta escondida bajo las sábanas. Me gusta escuchar (y cantar) boleros. Me gusta volver a fumar, aunque no debería gustarme. Me gusta la cama de un hotel. Me gustan los domingos, por muy mala reputación que tengan. Me gusta el humor de mi amiga sueca, tan poco sueco.  Me gusta el inicio de los libros, me gusta el inicio costumbrista de «Helena o el mar del verano» porque eran mis veranos. Me gusta el silencio. Me gusta la compañía de las cortinas danzando, señal de que asoma el buen tiempo. Me gusta el rojo que te quiero rojo. Me gusta que mi librero me tenga las medidas cogidas.

Siguiendo la estela de los placeres, he aquí cuatro subrayados de lecturas que derrochan hedonismo:

“No tenemos poco tiempo, sino que perdemos mucho.”

Sobre la brevedad de la vida, el ocio y la felicidad, de Lucio Anneo Séneca

 

“Dejémoslo aquí, quedémonos el recuerdo.”

 Los días perfectos, de Jacobo Bergareche

 

«¿Es el alcohol el creador de la máscara o precisamente aquello que nos la arranca?»

Beber o no beber (Una odisea etílica), de Lawrence Osborne

 

«Adoraban la palabra, el vino que desata la palabra. Y a las mujeres, a las que seducían con palabras: otra hermosa idea perdida por el camino.»

Drink Time! (En compañía de Patrick Leigh Fermor), de Dolores Payás.

Anotación: No osaré recomendar sus lecturas. Los placeres de cada uno son caminos inescrutables, estos son los míos.

 

Lista de reproducción: Hace unas semanas estuve en Madrid (arde Madrid) con amigas, siempre (pero siempre siempre siempre) es un placer volver a esa ciudad que te recibe con los brazos abiertos. Si me preguntaran en qué ciudad me gustaría vivir lo tengo muy claro: Madrid sería mi destino. Allí, durante un eterno fin de semana, nos bañamos en risas que curan todos los males, llevamos locos a los recepcionistas del hotel (Jesus One & Jesus Two), lloramos de pena y de alegría, bebimos y finalizamos la fiesta meciendo la resaca en un precioso concierto de música clásica al que nos invitó un gran amigo.

Esta es la lista de las canciones que sonaron (la podéis guardar como un tesoro):

 

Sed felices, o al menos intentadlo.

Verónica

*Las dos citas de Oscar Tusquets son del libro «Vivir no es tan divertido, y envejecer, un coñazo.»

 

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